09 Jun Soluciones Marinas Basadas en la Naturaleza para el Bienestar en las Islas del Caribe.
Foto portada: Barrera coralina en San Adrés, Colombia. | por: Julián Prato Valderrama
Los territorios insulares y sus poblaciones en todo el mundo, especialmente en la Gran Región del Caribe, dependen en gran medida de los beneficios que la naturaleza les proporciona para su bienestar. Estos beneficios incluyen la provisión de productos marinos, la regulación climática, la purificación del agua, la producción de oxígeno, la protección costera y paisajes marinos impresionantes con aguas azul turquesa que atraen a miles de turistas de todo el mundo. En conjunto, estos beneficios se conocen como “Servicios Ecosistémicos Marinos” (SEMa, por sus siglas en inglés). Los SEMa son esenciales para la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y el bienestar humano en general.
Los ecosistemas marinos, como manglares, pastos marinos, océano profundo, océano abierto, playas y arrecifes de coral, constituyen la base natural de la biodiversidad y los medios de vida humanos. Esto es particularmente crítico para los territorios insulares, que están rodeados por el océano y, a menudo, ubicados a cientos de kilómetros del continente, lo que dificulta el acceso a alimentos, medicinas, transporte y servicios esenciales. Además, al enfrentar eventos extremos como huracanes, inundaciones, sequías y escasez de alimentos, puede ser más fácil desplazarse a través de un continente en carreteras o aviones en busca de refugio o soluciones, que hacerlo en una isla oceánica remota. El cambio climático y el crecimiento poblacional han generado desafíos críticos para los territorios costeros e insulares, afectando el bienestar de las personas y la salud de los ecosistemas marinos, como los arrecifes de coral, manglares y pastos marinos. Entre los impactos más preocupantes se encuentran el aumento de la temperatura del mar, la elevación del nivel del mar y el incremento en la frecuencia e intensidad de huracanes y tormentas (IPCC, 2021; Mycoo et al., 2022; Prato et al., 2024a). En este contexto, se hace evidente que las poblaciones en islas pequeñas dependen en gran medida de los ecosistemas marinos y de los SEMa.
Investigadores de todo el mundo han reconocido el papel fundamental de ecosistemas marinos como los arrecifes de coral y los manglares en la generación de soluciones naturales y estrategias de adaptación al cambio climático. Estos ecosistemas protegen las costas de olas extremas y vientos huracanados (Ferraio et al., 2014), contribuyen a la resiliencia frente al aumento del nivel del mar y sirven como refugios esenciales para peces y mariscos, lo que los convierte en Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) clave para la adaptación climática.
Efectos del deterioro de la barrera de coral en Sound Bay, San Andrés, Colombia. | Por: Julian Prato Valderrama.
Un estudio reciente realizado en la Isla de San Andrés, una isla oceánica en el Caribe Occidental que forma parte de las nueve islas y 180.000 km² de la Reserva de Biósfera Seaflower (Colombia), destacó ejemplos concretos de SEMa clave para el bienestar de las poblaciones insulares del Caribe y demostró cómo los arrecifes de coral saludables pueden ser una Solución Basada en la Naturaleza para la resiliencia y el bienestar de las islas. La investigación, titulada “Relaciones entre la complejidad de los arrecifes de coral y los servicios ecosistémicos en islas oceánicas del Caribe, Reserva de Biósfera Seaflower, Colombia”, analizó la relación entre la complejidad estructural de los arrecifes de coral y su capacidad para proporcionar servicios ecosistémicos, tales como refugio para peces, protección costera, facilitación ecológica y turismo. Los resultados respaldan la inversión en la restauración y protección de barreras de coral como infraestructura natural esencial para las islas y una SbN con múltiples beneficios para estos territorios.
El estudio reveló que los arrecifes con mayor complejidad estructural proporcionan un refugio superior para los peces, lo que se traduce en un aumento significativo en la biomasa, diversidad y abundancia de especies. En algunos sitios con alta complejidad, los valores de biomasa fueron hasta seis veces mayores, lo que sugiere que los arrecifes más saludables pueden mejorar la seguridad alimentaria y la biodiversidad. Adicionalmente, las mediciones de campo mostraron que la barrera coralina de San Andrés desempeña un papel crucial en la protección costera, reduciendo la altura de las olas hasta en un 90%. Esta función es fundamental para salvaguardar la isla y la seguridad de sus habitantes durante los huracanes. Sin embargo, la degradación coralina y la reducción de la complejidad de los arrecifes amenazan esta función, disminuyendo la atenuación de las olas a menos del 50%, como se observó en el área de Sound Bay, donde se evidenciaron graves consecuencias de erosión costera, colapso de la carretera principal y destrucción de viviendas del pueblo Raizal (Prato, 2024b).
El estudio también incluyó análisis de valoración económica, que demostraron que los arrecifes saludables impulsan el turismo, ya que protegen playas más amplias con oleajes más suaves y ecosistemas marinos más atractivos. Esto aumenta la disposición de los turistas a pagar por la conservación de los arrecifes de San Andrés. Se determinó que los visitantes podrían contribuir con hasta 1.985.214 USD al año, un monto que podría destinarse a la gestión y protección de los arrecifes de coral. Estos hallazgos subrayan la importancia de preservar los arrecifes de coral para la protección costera, la biodiversidad marina y la prosperidad económica. Además, refuerzan la necesidad de invertir en estrategias de restauración eficaces como Soluciones Basadas en la Naturaleza para el futuro de la isla (Prato, 2024b). Esta investigación fue realizada por el investigador joven de CEMarin, Julián Prato, como parte de su tesis doctoral, bajo la dirección de los profesores Adriana Santos-Martínez (UNAL Sede Caribe) y Peter W. Schuhmann (University of North Carolina, Wilmington), con financiación de Colciencias, CEMarin (Convocatoria 14), la Academia Australiana de Ciencias y Fulbright Colombia.
A pesar de que los manglares son ampliamente reconocidos por su capacidad para proteger las costas contra olas y vientos, no han sido considerados adecuadamente por los responsables de la toma de decisiones ni por la sociedad como infraestructura natural esencial. Como resultado, las áreas de manglar han disminuido debido a la expansión urbana y el desarrollo turístico. Para resaltar la importancia de los manglares en la reducción de la velocidad del viento, realizamos mediciones de campo durante la temporada de vientos fuertes del huracán IOTA en noviembre de 2020. Los datos mostraron que un solo árbol de mangle puede reducir en promedio el 70% de la velocidad del viento. Además, los modelos proyectan que los manglares pueden mantener condiciones de viento no dañinas incluso bajo un huracán de categoría 2 (Prato et al., 2020).
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de proteger y restaurar los arrecifes de coral y manglares en los territorios insulares. Al invertir en estos ecosistemas, es posible fortalecer la resiliencia climática, la seguridad costera, la biodiversidad y la sostenibilidad económica, no solo en las islas del Caribe sino también alrededor del mundo.

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